Órbita SOLARIS 24 de julio de 2021

¿Por qué un libro sobre “Monstruos”?

Todos los libros de la Colección SOLARIS comienzan con un manifiesto. Se trata de un texto prácticamente fundacional, escrito en los albores del nacimiento de la editorial SOLARIS, pero que ya entonces vislumbraba la pertinencia, casi la necesidad, de pensar las películas, de analizarlas despacio y de enredarnos por sus entresijos. No como una forma de perderse, aunque tampoco sería mala idea, sino más bien como otra forma de, en último término, pensarnos a nosotros mismos. Encontrarnos en el análisis, tanto de forma colectiva, como en lo más íntimo y a menudo sorprendente de cada uno. Pensar los “monstruos”, las figuras monstruosas, puede ser, ¡incluso!, doble ración de uno mismo: primero, porque a veces en lo más radicalmente otro es donde emerge lo íntimo, lo propio, aquello de uno a lo que duele adherirse, con lo que no deseamos identificarnos, pero que se revela constituyente de nuestro propio ser. Segundo, porque tanto más intratable o inasumible sea esa condición de lo monstruoso, más íntimo y revelador puede ser eso que, sobre nosotros, se encerraba tras el oscuro, sangriento, peligroso y desagradable semblante del monstruo. Este podría ser el reverso de la ecuación de los monstruos que en ocasiones puede parecer infantil, pero que, por el contrario, no habla de niños, no se limita a asumir el susto o advertir el desabrupto en la pantalla, sino que va de asumir verdades, de encajarlas junto a nuestras vísceras y ver si somos, a pesar de todo, capaces de seguir caminando. 

Sobre algo parecido a esto hablábamos ya el año pasado, antes de nuestro libro sobre monstruos, cuando SOLARIS lanzó el libro #2 Trilogía del Apartamento de Roman Polanski, y apuntábamos la idea de que aquellos apartamentos aparentemente estrambóticos y surrealistas escondían una estrecha relación no solo con los personajes protagonistas de las películas Repulsión (1965), La semilla del diablo (1968) y El quimérico inquilino (1976), de los que a su vez eran metáfora, sino que además revelaban algo de su más auténtico ser. La emergencia de aquellas grietas en las paredes, esos objetos escondidos en sus oquedades, así como sus siniestros pasillos hacían a sus personajes afrontar partes de sí mismos que ni intuían, ni estaban preparados para asumir o aceptar. Tal era el reverso inesperado de aquellos apartamentos, como lo es el de muchos otros monstruos del cine que, también, vienen a nuestra presencia para decirnos cosas de nosotros mismos. 

Poca broma, la del pensar los monstruos; y como lo nuestro es el cine, los vamos a pensar a través de sus comparecencias en la pantalla, siendo algunas de ellas, por cierto, de lo más emblemáticas de la historia del cine. Tal es el caso de Alien, el octavo pasajero, o las adaptaciones del clásico de Frankenstein, por citar dos acomodos concretos del mundo de los monstruos, devenidos en “criaturas monstruosas”. Pueden parecer lo contrario de lo humano, pero quizás nos sorprenderíamos por la cantidad de materiales específicamente humanos empleados en su confección, y que se prestan a lecturas metafóricas acerca de lo desconocido de uno mismo, nuestras características inesperadas, nuestra voluntad inconsciente, nuestros deseos más inconfesables, etc. Dimensiones oscuras de lo humano vehiculadas y concebidas en proyección sobre una bestia, pero cuyo origen nos congela al apuntar a nuestros más inconfesables delirios. 

Funny Games (Michael Haneke, 1997)

Asusta aún más pensar en esta idea si la ensayamos sobre otro tipo de monstruos, por ejemplo… el más analizado en este libro SOLARIS #8 Monstruos, que es ese tipo de monstruo que tiene un aspecto plenamente humano, aunque sus actos sean monstruosos. Tal es el caso de Seven, de David Fincher, que en 1995 nos proporcionó un repertorio cinematográfico del horror totalmente inasumible, hasta el punto de que gran parte del cine de serial killers de hoy en día es heredero directo de aquella obra maestra del horror (no del terror) más noir. Capítulo aparte para Funny Games, dirigida por un especialista del cine más incómodo y claustrofóbico, como es Michael Haneke. Su film, que tuvo remake, es una de las obras más estudiadas del cine posmoderno, y acaso sea un ejemplo de cuán monstruoso se puede llegar a ser sin abandonar nunca el aseado aspecto de lo humano. Sus protagonistas (uno de los cuales corona el libro apareciendo en primer plano de la imagen de portada) sonríen a cámara, lanzan guiños y se conducen con el atento y amable discurso de lo sociable, al tiempo que procuran el mayor daño imaginable, sin dejar de ser, en ningún momento, completamente humanos

En nuestras páginas, volvemos a visitar clásicos inacabables, como Psicosis de Alfred Hitchcock, desde la óptica específica del monstruo, proponiendo una mirada específica a un asesino aparentemente conocido; o también la filmografía de un cineasta que sin ser especialista en criaturas monstruosas, tiene una reforzada conexión con el mundo de lo monstruoso, como es David Cronenberg. Su vínculo se aprecia mejor en películas como La mosca, pero este es solo uno de los muchos acomodos cómo lo monstruoso cobra forma en su filmografía y sin la que ya hoy no se puede pensar la dimensión de los monstruos. 

También nos detenemos en el análisis de otras formas que el discurso del circo y la crueldad han tildado de montruosas, como los queridos personajes de Freaks, la película de Todd Browning. Y decimos queridos porque como espectadores descubrimos que eso que palpita al fondo de los monstruos a menudo siente y sufre de la forma más humana, y nos sorprendemos al comprobar lo fácil que puede llegar a ser empatizar con esos que, para algunos, son monstruos. No en vano, quizás sean ellos, precisamente, la mejor prueba de esa condición cercana y familiar del monstruo que en ocasiones nos empeñamos en pensar como lo radicalmente otro

Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979)

Estos, y otros ejemplos y nociones monstruosas, acompañarán al lector de SOLARIS #8 Monstruos, a lo largo de sus páginas, por los artículos de sus autores mientras ensayan y reflexionan sobre lo que realmente se pone en juego tras estas figuras monstruosas con las que hemos crecido. Quizás en estos tiempos donde el narcisismo no solo cabalga con éxito, sino que hasta se insta desde las instituciones como una forma de fortaleza individual, convenga más que nunca estudiar la figura del monstruo como una forma de relativizar nuestro yoísmo, aceptar lo desconocido que nos constituye y nos condiciona, e integrar en nuestro día a día el necesario cisma del semblante con el que pretendíamos engañar a los espectadores de nuestro Facebook. 

El libro SOLARIS #8 Monstruos se pondrá a la venta en el mes de marzo de 2022.