
¿Acaso sería el monstruo de Alien la forma antropomórfica más perfecta, más próxima a lo humano, que lo auténticamente siniestro puede llegar a adoptar? ¿Residirá en ello el secreto del éxito de la película Alien (el octavo pasajero) desde su estreno en 1979? Esta vez os traemos un poco de filosofía para pensar, por un momento, el monstruo de Alien desde las ideas del filósofo español más cinéfilo que ha existido: Eugenio Trías, porque el nombre mismo del monstruo, lo alien, lo extraño, señala ya ‘el otro lado’, lo que hay más allá de ‘cierto límite’, y si decimos límite, hay que conjurar al padre de la llamada filosofía del límite. Ensayemos a pensar el origen de Alien en el nacimiento de los monstruos tal como los propone Trías:
Lo sublime es la bisagra entre lo bello y lo siniestro (…). Lo sublime (elevado, encumbrado) desborda el límite y la medida (clasicismo de lo bello) en dirección al «infinito». Éste, al patentizarse, se revela como lo desmedido, lo gigantesco y colosal, lo monstruoso y siniestro. Lo sublime se mantiene todavía dentro del límite, (…) aunque señale siempre más allá. Si se quiere o pretende traer al mundo ese «más allá», comparece lo monstruoso y lo demoníaco. Más allá tan sólo hay monstruos. (Eugenio Trías)

El monstruo de Alien, entonces, como el resultado de traer a nuestro mundo, a nuestra realidad, el «más allá» del mundo. Por eso, al comienzo, Ridley Scott sitúa la historia de Alien en el espacio exterior, a una distancia descomunal de la Tierra, porque es allí, en los límites del mundo, donde comienza a aparecer lo que está ‘más allá del mundo’. La figura de Alien funciona como la forma visible que lo demoníaco del ‘más allá del mundo’ toma cuando nos salimos de nuestra trayectoria y nos acercamos demasiado a sus límites. Y así se explica por qué el encuentro con Alien se produce después de que la nave Nostromo, que regresaba a la Tierra, se desviara de su rumbo previsto ‘dentro del mundo’, quizás acercándose demasiado ‘al límite’. Pues bien, ya estamos en disposición de leer este fascinante párrafo de Alberto Ruiz de Samaniego, pensando la película de Alien, en su artículo «Alien. La ordalía y su sombra» incluido en el libro Visiones del abismo. Pensar el cine desde Eugenio Trías, donde encontramos esta frase (en negrita) que nos dejó absortos cuando la leímos por primera vez:
El monstruo [de Alien] encarna la condición negativa que ha de enfrentar el ser-del-límite [nosotros], tal como Trías lo determinó. Él marca la frontera a partir de la cual los dominios del hombre desaparecen: guardián aciago de una no man’s land. Un espacio de negatividad absoluta, sin posibilidad, sin retorno ni agenciamiento posible. Tan solo el afuera, elemento lúgubre y abisal, que se abre a otra existencia inimaginable. Alien como matriz de un universo inmundo. O quizás la nada, la aniquilación que rodea a la propia existencia y que los existentes mismos no pueden atravesar sin perecer. La totalidad letal de fuerzas que la atraviesan, de las que la fiera proviene y que a ella tal vez retornarán. (Ruiz de Samaniego, 2023, p. 49)
Entonces, Alien no es solo puerta a ese ‘más allá del mundo’, no es solo su umbral de acceso, y tampoco lo anuncia sin más para quien se sitúe en el punto de vista de Ripley y el resto de tripulantes, sino que el monstruo opera como las coordenadas de nacimiento de ese universo inmundo y lo impele hacia su infinita expansión. Como si naciera de él, matriz de todo lo que está ‘al otro lado’. Y también al revés: Alien es el enviado de lo siniestro al mundo de lo visible (lo que Trías llamaba el ‘cerco del aparecer’; o mejor, en presencia de Alien, sería el ‘cerco fronterizo’), y —simétricamente— Ripley sería lo más siniestro que un humano brindaría al mundo de la sombra sin dejar de serlo. Alien y Ripley serían seres en la frontera, los seres ‘de contacto’ entre el mundo de lo humano y el del infinito inmundo, y de hecho recordarán cómo la relación entre Alien y Ripley era de lo más… singular: en el primer film de Alien, el monstruo respeta a Ripley, en cierto modo, como reconociendo en ella algo de la sombra que lo constituye a él mismo; y viceversa. Ripley y Alien se dan el relevo de ‘lo otro’ de sí mismos reconociéndose habitantes de la frontera, el límite del mundo.
Ahora, miren de nuevo este fotograma que conocen de sobra, la imagen de Kane (John Hurt) parasitado por la criatura monstruosa, y piensen en él, por primera vez, no tanto como víctima del monstruo, sino como ser-del-límite, un ser en la frontera. Trías lo habría llamado «el fronterizo»:

Hazte con tu ejemplar del libro y descubre hasta dónde alcanza la visión de Alberto Ruiz de Samaniego pensando Alien, el octavo pasajero desde la filosofía del límite de Eugenio Trías.

Libro Visiones del abismo. Pensar el cine desde Eugenio Trías
El libro Visiones del abismo. Pensar el cine desde Eugenio Trías nos propone el ejercicio audiovisual e intelectual de reflejar, advertir, ensayar y recorrer las ideas más cruciales de la filosofía de Eugenio Trías en las imágenes de cineastas como Ingmar Bergman, Andrei Tarkovski, Ridley Scott, David Lynch, Federico Fellini, Chris Marker, Wong Kar-Wai, Fritz Lang, Pawel Pawlikowski o, por supuesto, en films tan queridos por el propio Eugenio Trías, como Vértigo o Psicosis.
