
Que la locura puede ser un término inoperante y que las películas sobre la locura son interminables son nociones obvias, pero, ¿cabe conceder a la película Repulsión de Roman Polanski un lugar preferencial en ese top de películas que representan la locura en el cine? Lo cierto es que, con el paso del tiempo, se multiplican los autores que ven en este film perturbador, habitualmente clasificado como de terror, un viaje por momentos siniestro y claustrofóbico hacia la pérdida de la razón, la noción de realidad, y, sin embargo, una locura de cine rodada con enorme virtuosismo. «Asombroso virtuosismo cinematográfico»1, decía Steven Jay Schneider que la incluyó en sus 1000 películas que hay que ver antes de morir.
Pero más allá de su virtuosismo cinematográfico, nos interesa su capacidad para hacer sentir ese viaje a la locura a través del cine, es decir, hacernos sentir la experiencia de la enajenación de forma íntima, como defendía Nicolás Amelio Ortiz:
[Repulsión] [e]s una de las pocas películas que logra transmitir el sentimiento de trauma de una manera tan perfecta. (…) Polanski nos invita como espectadores a vivir esa locura en primera persona, y poco menos que a sentirnos identificados con ella. (…) Hacia la mitad ya nos sentimos completamente dentro de su paranoia2. (2018)


Nos situamos dentro de la paranoia de Carol (Catherine Deneuve), cuyo progresivo desmoronamiento psíquico nos va atrapando y deteniendo en el interior de un apartamento que lejos de proteger, le devuelve a la protagonista amenazas que hasta emergen de las paredes. Una sensación que «se queda con nosotros»…
Repulsión se erige como una de las obras más perturbadoras de Roman Polanski, una película que se mete bajo la piel y se queda ahí (…), un análisis desgarrador de la psique humana, donde el miedo, la represión y el aislamiento culminan en un retrato escalofriante de la locura. Es una película que merece ser vista, no solo por sus innovadores logros técnicos, sino por su retrato implacable de la oscuridad que puede consumirnos a todos3. (2024)
… y que nos sumerge, como propone Triguero (2014), en la pesadilla mental de Carol: «… esa es una de las grandes virtudes del film: cómo nos hace vivir en nuestras propias carnes ese proceso de esquizofrenia»4. Lo cierto es que, aunque la eficacia inmersiva del film no se discute, sí que hay disparidad de diagnósticos clínicos entre los autores que lo han pensado, combinando patologías del orden neurótico —como la del trastorno obsesivo compulsivo— y psicótico como la esquizofrenia:
Repulsión, si bien nunca se acerca al diagnóstico de su protagonista gravemente afectado, es compleja y realista en su ambigüedad y su inquietante representación de los trastornos mentales. (…) Carol presenta señales de alerta es el Trastorno Obsesivo Compulsivo. La estilista, obsesionada con cepillarse los dientes y lavarse el cuerpo, observa imperfecciones microscópicas en la cocina y hace girar los dedos nerviosamente de forma compulsiva y metódica. Por muy doloroso que sea observar estas tendencias esquizofrénicas y obsesivas, quizás el trastorno más alarmante (y finalmente fatal) de Carol reside en su incapacidad para demostrar e interpretar señales sociales5. (Burleigh, 2024)

Pero siempre en íntima relación con una patología de naturaleza sexual:
La sintomatología que predomina en Carol es el apragmatismo, es decir, un tipo de conducta desgajada de la realidad, una conducta inintencional que solo persigue un objetivo: alejarse de la realidad de donde proceden esas llamadas que Carol sigue oyendo en pesadillas, sueños, alucinaciones y fantasías hipnagógicas. Llamadas terroríficas que la llevan de bruces frente a un escena que entendemos como originaria, una llamada sexual, de alguien, un hombre que la pretende6. (Traver Torras, 2007)
… que encuentra en el plano de su ojo, heredero de Psicosis, la promesa de su patología. En palabras de Antonio Monegal:
Otro caso de psicopatología sexual, Repulsión de Polanski, condensa en el plano inicial del ojo las fantasías interiores que la película hará visibles. Al final el zoom se acerca a una fotografía del personaje cuando era niña hasta mostrar sólo el ojo, como si en él estuviera contenido el germen de su locura7.


Mirando el ojo de Carol, nos internamos en esa habilidad cinematográfica con la que Polanski nos conduce en Repulsión al interior de su locura, una representación de la locura en el cine que se construye con ambigüedad, lugares cerrados y una cierta mirada. Esta fue una de las idea que nos propuso Joanna Bardzinska cuando le invitamos a escribir el prólogo de entrada al libro SOLARIS #2 Trilogía del Apartamento de Roman Polanski —trilogía formada por Repulsión, La semilla del diablo (1968) y El quimérico inquilino (1976)—, en una frase que aúna las palabras justas:
Como en muchas otras de sus películas, Polanski aísla a sus personajes de la realidad, retratándolos en lugares cerrados, como una casa o un apartamento que les confina (Repulsión, El quimérico inquilino), una isla (Callejón sin salida) o un yate (El cuchillo en el agua), privándoles de su libertad para actuar8. (Bardzinska, 2020)
Y siempre con intención de confundir al espectador en la desorientación en la que la propia Carol se instala a puerta cerrada en su casa:
[Polanski] alcanza la maestría en el empleo de la mirada subjetiva, manteniendo al mismo tiempo la ambigüedad: en realidad nunca sabemos qué sucede de verdad y qué es alucinación psicótica, producto de la imaginación de una mente torturada por la enfermedad. (Bardzinska, 2020)
Repulsión y la representación de la locura en el cine
Esta representación de la locura en el cine que se juega en Repulsión encuentra en los objetos y las grietas de las paredes de su casa —se ha defendido a menudo— buenas metáforas de lo que sucede en el interior de su mente. Así, la sensación inmersiva que acompaña al espectador se proyecta también al exterior de la mente de Carol a través de sus planos subjetivos que nos devuelven una casa en descomposición, y presencias de objetos imposibles cuya comparecencia, frisando la lógica del encuentro surrealista, provocan un envolvente extrañamiento, un enrarecimiento narrativo que pareciera surgir del ojo de Carol pero que termina alcanzando la enunciación misma del film: un conejo despellejado pudriéndose en un plato, una navaja de afeitar… o las crecientes grietas que se abren en las paredes.

Frente a la idea del desmoronamiento mental o una locura in crescendo, al que el cine daría metáfora y movimiento, Raúl Álvarez propuso otra visión en su artículo «Alicia a través del espejo: miradas, contrastes e imaginario surrealista en Repulsión» en el libro SOLARIS #2 Trilogía del apartamento de Roman Polanski:
Los protagonistas de estas historias [los films de la trilogía, como Repulsión] no son, como a menudo se entiende, personas normales que sufren un deterioro progresivo de sus facultades mentales debido a un trauma. Al contrario, los tres presentan ya un trauma que los devora precisamente porque intentan ser normales, cuando jamás podrán serlo, al menos en los términos impuestos por la sociedad moderna. No son personajes que se quiebran, ya están rotos, y la cámara de Polanski se dirige precisamente a recrear lo trágica que resulta esa condición psicológica recurriendo a imágenes metafóricas de grietas en suelos y paredes9. (2020, p. 69)


Entonces, ¿qué reflexión estaría haciendo Roman Polanski con su película Repulsión? En nuestro libro se proponen, a través de los artículos de varios autores, diferentes respuestas, que atraviesan las tres películas de la trilogía, pero que, como también apuntaba Bardzinska, se expanden y alcanzan otros films de su filmografía, levantando toda una meditación en progreso, un camino llevado por la intuición. Nos interesa aquí traer un fragmento de una de esas respuestas a la pregunta del sentido, la de Raúl Álvarez, que nos devuelve la relevancia de este fondo común a la trilogía y que nos da, quizás, un punto de comprensión, de empatía con el personaje de Carol en Repulsión, en el que, inesperadamente, enfermos o no, nos podemos encontrar cualquiera de nosotros:
Del choque entre el ser impuesto o fingido y el querer ser uno mismo de verdad, nace la mirada incómoda [de Polanski]. Y es además implacable porque se trata de un conflicto universal —nos alcanza a todos— que se elude por miedo a las consecuencias. Es el cementerio en la ciudad. (2020, p. 70)
¿Se rompe el mundo de Carol —literalmente, en grietas— por efecto del conflicto entre quien desea ser y lo que otros desean que sea? ¿Quién se escapa de esa dialéctica, sexual o no? ¿Y fue Repulsión la película que mejor lo retrató? Esa locura en el cine, entonces, que inesperadamente terminó hablando de nosotros mismos.
Referencias
[1] SCHNEIDER, S. J. (2016). 1000 películas que hay que ver antes de morir. Grijalbo, p. 440.
[2] AMELIO-ORTIZ, N. (2018). Cien películas que me abrieron la cabeza. Altea.
[3] Repulsion (1965): Polanski’s Unsettling Descent into Madness and the Monsters of the Mind. (2024, 5 de septiembre). Surgeons of Horror.
[4] TRIGUERO, G. (2014). Repulsión (1965) de Roman Polanski. El gabinete del Dr. Mabuse.
[5] BURLEIGH, S. (2024). Repulsion: Sexual Repression, Mental Illness, and The Malevolence of Beauty. The Artifice.
[6] TRAVER TORRAS, F. (2007). Repulsión, Polansky y la psiquiatría. Neurociencia-neurocultura.
[7] MONEGAL, A. (2016). El ojo. En BALLÓ, J. & BERGALA, A. (Eds.). Motivos visuales del cine. Galaxia Gutenberg.
[8] BARDZINSKA, J. (2020). Polanski en la órbita de Solaris. En SÁNCHEZ RAMOS, R. & VILLARREAL, M. (Eds.). Trilogía del apartamento de Roman Polanski. Colección SOLARIS. Trama Editorial, p. 20.
[9] ÁLVAREZ, R. (2020). Alicia a través del espejo: miradas, contrastes e imaginario surrealista en Repulsión. En SÁNCHEZ RAMOS, R. & VILLARREAL, M. (Eds.). Trilogía del apartamento de Roman Polanski. Colección SOLARIS. Trama Editorial, p. 69.
