
¿Cuántas cosas puede ser una escena al mismo tiempo? Es decir, ¿cuál es la forma mágica cómo una escena puede expandirse en más de un plano de significación al mismo tiempo? No nos referimos a la cantidad de lecturas subjetivas que pueden hacerse de una escena o de un film, acaso exhibiendo el talento del analista para relacionar lo irrelacionable, sino al conjunto de nociones convocadas en la inercia propia de una escena que satura su propia significación, desbordando incluso la lectura intradiegética del relato y llamando a concurso a todas las formas cómo ella misma puede inscribirse fuera de él.
En su texto «El gesto de la espera: La gran belleza», para el libro SOLARIS #6 Paolo Sorrentino, Aarón Rodríguez recupera una escena perdida del film, una de esas que se desbordan a sí mismas: el encuentro entre Jep Gambardella (Toni Servillo) y Fanny Ardant, la viuda de François Truffaut, que aquí se interpreta y no se interpreta a sí misma, las dos cosas al mismo tiempo, lo cual dispara ya el análisis de la escena en direcciones hacia dentro y hacia fuera del relato. Gambardella, fascinado, se cruza una noche casualmente con la actriz, a quien interpela con las palabras: «Madame Ardant…». Dice Aarón Rodríguez: «La mirada de Jep está llena de admiración, parece dialogar con el tiempo que esa mujer encarna, con la figura de esa mujer siendo acompañada por Sorrentino al cruzar la noche romana sobre unos elegantes tacones negros»1. Ella se gira con la mueca de quien espera una demanda; un autógrafo, una foto… En su lugar, encuentra el gesto expectante de un hombre que siempre buscó la gran belleza, y que le dirige un rostro digno pero inerme por la cantidad masiva de respeto y admiración que siente por su figura. Sin incomodidad alguna, Jep la mira en silencio, y ella se hace consciente de esta reverencia quieta, que atraviesa todos los tiempos, y le sonríe, acaso como si tal cosa fuera lo que el hombre que busca esa gran belleza esperaba de ella. Al final, sí que era una demanda, entonces.

Hacia dentro del relato, Ardant comparece como una de tantas escisiones, acaso la más digna, de esa gran belleza sublime e inalcanzable que va ciñendo Jep; uno de sus destellos. Hacia fuera del texto, es un hacer presente el tiempo, que queda conjurado, y el cine mismo, que queda enaltecido por cuenta de sus bellezas posibles, a veces horizonte mejor de lo humano. Aarón Rodríguez nos advierte del modo cómo el tiempo y la belleza se anudan en esta escena:
«Ella comparece vestida de negro luto, proyectando sobre la cinta la presencia concreta de François Truffaut. Es una suerte de cita viva, pero con un importante matiz. No solo fue su última musa, ni uno de los numerosos caprichos sentimentales que jalonaron la vida del cineasta. Antes bien, fue la compañera en el sentido más hermoso y vital del término: fue la mujer que le acompañó a la muerte, que veló su sufrimiento, que le dio una hija y que cuidó de su legado. La pareja Truffaut-Ardant se despliega por toda la cultura popular y escribe una de las más bellas historias de amor del cine». (Idem)
Ya en la primera conversación que tuvimos con Aarón Rodríguez sobre su artículo para el libro SOLARIS #6 Paolo Sorrentino, aseveró que había una idea en el cine del italiano que quería recorrer: lo sagrado. A veces, lo más puro emerge en las escenas aparentemente irrelevantes, como una operación de desplazamiento que trata de velar sin éxito lo que sentimos más hondo. Sorrentino descubierto por los secretos de sus márgenes.



[1] RODRÍGUEZ SERRANO, Aarón. (2021). El gesto de la espera: La gran belleza. En SÁNCHEZ RAMOS, R. & VILLARREAL, M. (Eds.). Paolo Sorrentino. Colección SOLARIS. Trama Editorial, p. 57.
Ricardo Sánchez Ramos
