Órbita SOLARIS 11 de febrero de 2024

En recuerdo de Vanessa Brasil: «Palabra hecha piedra»

Algún tiempo después, y de hecho no mucho, nos reíamos los dos, Vanessa y yo, de lo seria que se puso al atender mi primera llamada telefónica desde Madrid en el verano de 2019. Fue cuando SOLARIS no tenía ni un solo libro editado aún, pero ya pensábamos en nuestro segundo volumen, dedicado a la trilogía de los apartamentos de Roman Polanski, y queríamos contar con el trabajo de la investigadora de cine Vanessa Brasil en nuestro libro. La voz de Vanessa sonaba comedida, enfáticamente correcta, muy profesional, y casi no desplegada más que con unos cuantos monosílabos. Los que hemos tenido el privilegio de conocerla sabemos bien que ese mero tono frío no tiene nada que ver con ella, especialista en volcar su cariño y su amor por cualquier canal y hacerlo llegar a otro continente aunque no tuviera a su alcance más que una llamada telefónica. Muchas veces me contó después lo mucho que significó para ella aquella llamada. También para mí.

En este día tan triste en que muchos nos dolemos por la pérdida de Vanessa, que acaba de dejarnos, no dejo de acordarme de aquella llamada telefónica con la que dio comienzo su etapa como colaboradora de los libros de Colección SOLARIS —Vanessa nos honró con su trabajo de análisis de cine cuando ni siquiera habíamos editado aún un solo libro—, pero sobre todo con la que empezó una amistad muy grande y que mantuvimos, a pesar de la distancia, hasta el último momento. Con Vanessa no cabe decir que lo menos importante fue su condición de escritora solarista, en pos del amor y la amistad sincera que volcaba por todos los canales de comunicación intercontinental, porque para ella no había gran diferencia entre la importancia de pensar el cine, y la importancia de pensar la vida de aquellos a los que amaba: era todo uno, pensar el arte como reflejo de la condición humana y de nuestro difícil sostén frente a los embates de la vida, y pensar los embates de la vida cuando se trataba de sus amigos y sus personas amadas. Vanessa se dejaba el corazón en reparar el tuyo, a menudo señalando como analista textual los «hechos textuales» con los que dotar de sentido lo que de tu propia vida podía haberte pasado inadvertido, y con los que pensar el futuro era siempre un poco mejor. Era solo una de sus artes mayores. Contarle a Vanessa tus tristes acontecimientos de la vida era prestarse a una inesperada y reparadora anagnórisis construida a base de amor con la que ella te hacía sorprenderte en otras coordenadas de luz, de esperanza y de optimismo. ¿Cuánto vale eso? Ser «película analizada», «texto a ser leído», frente a la mirada de Vanessa, no era nunca padecer el escalpelo, sino saberse algo que importa, algo que merecía la pena ser pensado, porque a ella le parecía algo digno de ser amado. 

El 1 de abril de 2017, tarde… muy tarde, reparé por primera vez en el trabajo de Vanessa: la Asociación Cultural Trama y Fondo celebraba un día de análisis textual bajo el título «Los funerales fordianos» como homenaje a otro de sus grandes nombres fundacionales, Juan Carlos González. En un momento determinado del día, Lorenzo Torres se dirigió a todos nosotros y dijo: «Ahora vamos a proyectar el trabajo de una compañera, Vanessa Brasil, que nos llega desde Brasil. Está grabado en video». ¿Exagero si digo que allí nació un poco SOLARIS, Textos de Cine? Se aprecia algo del sabor de SOLARIS en el silencio que quedó tras la proyección del video «Palabra hecha piedra y gesto ritual. Construcción de un funeral simbólico en La diligencia», tal como lo recuerdo ahora. No tenía previsto que fuera ese video de Vanessa el que más me conmocionara aquel día, no estaba entre mis expectativas, y sin embargo… Me tienta la cursilería para recordar ahora la felicidad que sentí cuando, algunos años después, tuve el placer inmenso de hacérselo saber, con todo detalle, contarle cómo me conmovió; hacerle sentir bien. Por una vez, yo a ella. Y su risa fue… Hoy atesoro el privilegio de que el nombre de Vanessa, junto al de Lorenzo Torres, figure como aval en mi reciente ingreso en Trama y Fondo: fue su último gesto, un regalo de despedida, acaso consciente de ello.

En todas las páginas de las secciones de «Los autores» en todos los libros de SOLARIS, Textos de Cine en los que ella participó de algún modo, en su texto de descripción académica, figura una sencilla frase de la que Vanessa presumía con legitimidad, y que ella sabía que a mí me desarmaba, me hacía temblar: «Socia fundadora de la Asociación Trama y Fondo». Existimos algunas personas para las que la obra teórica y el trabajo de Jesús González Requena, así como el conjunto de la obra de pensamiento articulada por la Asociación Cultural Trama y Fondo, no nos inspira solo un educado respeto por un trabajo descomunal, sino la emoción transformadora de un saber simbólico con el que ordenar el mundo, nuestra condición humana, y con el que sujetarnos como podemos agarrados a una palabra con la que nos hicimos otros. Eso… unos pocos. Pero Vanessa pudo exhibir además haber participado en su fundación; pudo presumir, y creedme que lo hacía con la palabra más verdadera, sentida y orgullosa imaginable, de haber formado parte del comienzo mismo de eso que pasó entonces, mitología sagrada para unas vidas, las de unos pocos entre los que ella se contó siempre, dedicadas a tomarse en serio pensar el cine, con la potencia trascendental que esto tiene solo, solo, solo en un sitio: Trama y Fondo. Nadie ha sido tan consciente de lo crucial de este empeño como los integrantes de esta formación cuyo impacto trasciende sus bordes académicos, y entre ellos, Vanessa Brasil, siempre al lado de Jesús González Requena, como a ella le habría gustado encontrar escrito. Si hay algo que la obra de este pone en valor sobre todo lo humano posible es la palabra, y Vanessa jamás rompió la suya, ni con sus seres queridos, ni con sus amigos, ni con su familia, ni con Trama y Fondo: «palabra hecha piedra».

Nuestro abrazo para aquellos que recibieron su palabra: su marido Chema, siempre Chema, siempre con amor en sus labios; y su familia.

Ricardo Sánchez Ramos.