¿Un Romanticismo letal?

El gabinete del Dr. Caligari (1920)
El gabinete del Dr. Caligari (1920)

¿Puede un arte acabar con los cuerpos reales? Hace solo un par de semanas, el musicólogo, crítico y erudito Luis Gago compartió, hacia el final de una conferencia sobre Thomas Mann y su conexión con la música1, su más terrible sospecha: parafraseando, que el Romanticismo fue la auténtica causa de que Alemania emprendieran ese suicidio colectivo que condujo al nazismo y a la guerra. Si cambiamos la música por el psicoanálisis, como forma de pensar el arte y la historia, la idea no anda lejos de las conclusiones del teórico madrileño Jesús González Requena, quien ha rastreado las huellas del nazismo en el expresionismo alemán previo a la Segunda Guerra Mundial2. Y todo en diálogo con el pensamiento de Siegfried Kracauer que encontró en la historia y las formas de El gabinete del Dr. Caligari de 1920 la prefiguración de un nazismo a la vuelta de la esquina. 

Con todo esto en mente, quisimos recordar a dónde se fue a buscar Elisenda N. Frisach, en su prólogo3 a nuestro libro SOLARIS #8 Monstruos (2022), el origen de ciertos monstruos del cine y en el fondo no nos sorprendió encontrar en su texto la sospecha del Romanticismo:

No es casualidad, en esta línea, que el nacimiento de la novela gótica —la narrativa de los monstruos por excelencia— se produjera de la mano del Romanticismo, habida cuenta de que, si bien las figuras monstruosas han existido desde tiempos inmemoriales en el folclore de todas las culturas del planeta, en manos de los creadores románticos se transforman en símbolos de ese amargo don que es el carecer de figuras paternas: la libertad. (p. 22)

Frankenstein (1931)
Frankenstein (1931)

Como ven, Elisenda N. Frisach comienza refiriéndose a los personajes de ficción, pero en la misma frase apunta ya a estos como un reflejo de algo real que le sucede a los humanos de carne y hueso. ¿Acaso no es la ficción el espacio donde cristaliza la verdad de lo que nos sucede como humanos? La autora nos dirige exactamente hacia allí:

Así, frente al acervo mitológico tradicional, que empleaba esos entes [monstruosos] como recordatorio de las trágicas consecuencias que sufren aquellos que perturban a los dioses, los monstruos [del Romanticismo] se transformaron entonces en emblemas sublimados de las pulsiones que anidaban en el interior de la propia condición humana… (p. 22)

En efecto, o incluso más, pues de un salto pasamos de la sublimación a la intención: diría González Requena que como prefiguración de un deseo, pues «los seres humanos nunca llevan a cabo nada que no hayan escrito previamente, de una u otra manera»4. En cualquier caso, lo monstruoso, entonces, también para Elisenda N. Frisach, en íntima relación con lo humano, lo que nos sucede a los humanos —multiplicado en libertad—, algo que tiene que ver con nuestros íntimos desajustes bien sea con el mundo, con el otro, con los sueños, con todo y hasta con nada, la nada misma y el sinsentido que hacen sustancia en unas pulsiones (monstruosas) que nos habitan y que a menudo reclaman encontrar forma y diálogo, también sobre la pantalla de cine:

Aunque no somos tan ingenuos para no advertir que el gusto por lo monstruoso del que ha hecho gala el séptimo arte desde sus orígenes responde a esa cualidad de instrumento escapista del que goza (…), tampoco se puede obviar que, si por algo destaca este medio de expresión, es por su capacidad, sin duda mágica y tenebrosa, de ofrecer la vida eterna, al rejuvenecer e incluso resucitar rostros y momentos largamente extintos de la realidad material. (…) Tal vez por ello hablar de lo monstruoso siempre será hablar de lo cinematográfico. (p. 25)

Nosferatu (1922)
Nosferatu (1922)

Pero seguimos preguntando: ¿qué fue antes? ¿Es el Romanticismo el reflejo artístico y sublimado de lo que sucedía en las almas del momento, o el arrebato artístico en el que sumió a las almas y que condujo a una épica ciega y autodestructiva? O sea, un poco aquella relación que señalaba Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan —lo recordarán— entre la música de Wagner y el deseo de invadir Polonia. El día que Thomas Mann ensalzó el romántico preludio de Lohengrin de Wagner —contó Luis Gago en su conferencia—, una idea le advino al final: «Es buena hasta el extremo, no podría ser mejor, tal vez no debería ser mejor…».

  1. Conferencia impartida el día 2 de octubre de 2025 con el título Un nuevo placer para los sentidos en el Goethe Institute de Madrid, con motivo del 150º aniversario del nacimiento de Thomas Mann. ↩︎
  2. Ver GONZÁLEZ REQUENA, J. (s. f.). Caligari y Hitler. Sesiones de la asignatura Psicoanálisis y Análisis Textual, 2023-2024. ↩︎
  3. N. FRISACH, E. (2022). Prólogo. En SÁNCHEZ RAMOS, R. & VILLARREAL, M. (Eds.). Monstruos. Colección SOLARIS. Trama Editorial. ↩︎
  4. GONZÁLEZ REQUENA. J. (2016, 26 de junio). Fordianos. El cine en el diván. Edipo II. Del odio a la promesa. Seminario Psicoanálisis y Análisis Textual 2015/2016. ↩︎

Texto de Ricardo Sánchez Ramos